Caminar por el centro histórico de Cusco permite observar una ciudad formada por varias épocas superpuestas. No todas sus calles pueden calificarse simplemente como “incas” o “coloniales”; algunas siguen trazados prehispánicos y conservan muros incas, pero recibieron nuevos nombres durante los periodos virreinal, republicano o contemporáneo.
La UNESCO señala que Cusco fue reorganizado durante el gobierno del inca Pachacutec en el siglo XV y que, después de la conquista española, se mantuvo buena parte de la estructura de la ciudad inca mientras se construían templos, conventos y casonas sobre o junto a edificios prehispánicos. La fundación española formal de la ciudad se realizó el 23 de marzo de 1534. En 1983, la Ciudad del Cusco fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial.

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Calles coloniales del centro histórico de Cusco
Calle Loreto: el antiguo Intik’ijllu
La calle Loreto es uno de los ejemplos más claros de continuidad entre el Cusco inca y la ciudad posterior. La ficha de catalogación de la Municipalidad del Cusco señala que durante la época inca fue conocida como Intik’ijllu. El nombre actual se relaciona con la antigua capilla de Nuestra Señora de Loreto; otras interpretaciones históricas han asociado el sector con el Amarucancha.
Su interés principal está en los largos paramentos de piedra que delimitan la vía. El sector estuvo relacionado con importantes conjuntos de la ciudad inca, entre ellos el Aqllawasi y Amarucancha.

Calle Hatun Rumiyoq y la piedra de los doce ángulos
Hatun Rumiyoq, también escrita Hatun Rumiyoc en diversas fuentes, conserva uno de los muros incas más conocidos de Cusco. Allí se encuentra la denominada piedra de los doce ángulos, integrada en el muro asociado al antiguo palacio o kancha de Inca Roca.
La vía sí tiene antecedentes prehispánicos: la ficha municipal la identifica como parte de un importante camino relacionado con la ruta hacia el Antisuyo. Sin embargo, hay una precisión fundamental: Hatun Rumiyoq no parece haber sido el nombre continuo de la calle desde la época inca.
Calle Arequipa y el antiguo nombre K’ akchi
La calle Arequipa es otra vía importante que faltaba en el esquema original. La catalogación municipal considera que corresponde a una demarcación urbana de origen inca y que separaba antiguos conjuntos relacionados con Pucamarca y el Aqllawasi.
La tradición recogida por la municipalidad señala que antes de la llegada de los españoles habría sido conocida como K’akchi. Posteriormente recibió otros nombres hasta consolidarse la denominación calle Arequipa. Por tratarse parcialmente de una tradición oral, la antigua toponimia debe presentarse con esa cautela y no como una certeza documental absoluta.

Calle Pumacurco
Pumacurco es particularmente interesante porque combina un topónimo de raíz quechua con la continuidad de un eje histórico. La documentación municipal registra variantes como Pumacurco, Pumakurko y Pumaq Kurkun y señala que la vía continuó funcionando, durante la época colonial, como acceso hacia la zona de Sacsayhuamán.
La explicación tradicional del nombre, recogida por Ángel Carreño y reproducida por la municipalidad, lo relaciona con pumas llevados durante una antigua cacería. Como ocurre con numerosas etimologías populares del Cusco, conviene identificarla como tradición histórica y no convertirla automáticamente en un hecho arqueológicamente demostrado.
Calle Saphy y el antiguo cauce del río
La actual calle Saphy conserva en su nombre la memoria del río que atravesaba este sector. La ficha municipal indica que las aguas del Saphy circulaban por este espacio desde antes de la llegada de los españoles y atribuye a Pachacutec su canalización dentro del proceso de reorganización de la ciudad. El mismo documento relaciona el área con el antiguo barrio de Huacapuncu.
Saphy resulta especialmente útil para entender que el urbanismo antiguo de Cusco no dependía únicamente de calles y edificios: los cursos de agua también condicionaron la forma de la ciudad.
Calles del Cusco con nombres de números y figuras
Calle Siete Culebras
Siete Culebras comunica la plazoleta de las Nazarenas con Choquechaca. Una versión muy difundida relaciona el lugar con Amaru Q’ata y con catorce serpientes representadas en piedra, siete a cada lado.
No obstante, existe una discrepancia importante: la propia ficha municipal recoge la opinión de Ángel Carreño según la cual el nombre Amaru Q’ata habría correspondido a la plazoleta de las Nazarenas y no exactamente al callejón actual. Incluso cuestiona que “Siete Culebras” sea históricamente la denominación correcta de esa vía. Por ello, la asociación con las catorce serpientes debe explicarse como una tradición discutida, no como una certeza.
Calle Siete Angelitos
Siete Angelitos se encuentra en el tradicional barrio de San Blas. La explicación recogida por Ángel Carreño y divulgada por fuentes contemporáneas relaciona el nombre con siete figuras de ángeles pintadas en el alero de una vivienda.
La calle se encuentra muy cerca de Siete Diablitos, lo que ha favorecido que ambos nombres formen parte del imaginario popular de San Blas.
Calle Siete Diablitos
También situada en San Blas, Siete Diablitos conserva una explicación fundamentalmente oral. La tradición recuerda el callejón como un espacio estrecho y antiguamente oscuro utilizado por parejas que buscaban privacidad, circunstancia que habría provocado la asociación humorística con la «tentación» y los diablitos.
Calle Siete Ventanas
Siete Ventanas está relacionada tradicionalmente con una antigua construcción vinculada al desaparecido convento de San Agustín. Ángel Carreño relacionó el nombre con un inmueble que habría tenido un conjunto de ventanas.
La identificación exacta del edificio que originó la denominación no es completamente segura, por lo que también en este caso es preferible hablar de una explicación tradicional de la toponimia en lugar de afirmar que las siete ventanas originales se conservan intactas.

Otras calles importantes que faltaban en el esquema original
Además de Loreto y Hatun Rumiyoq, una guía centrada en la historia urbana debería prestar atención a Triunfo, Arequipa, Pumacurco y Saphy, porque permiten explicar diferentes aspectos de la ciudad: la continuidad de la traza inca, los cambios de nombres, la reutilización de conjuntos prehispánicos y la relación entre el urbanismo y los antiguos ríos.
La propia catalogación de la Municipalidad Provincial del Cusco registra actualmente más de un centenar de calles y ambientes urbanos dentro de su inventario del centro histórico, entre ellos Pumacurco, Pampa del Castillo, Hatunrumiyoq, Siete Cuartones, Siete Borreguitos, Resbalosa, Triunfo, Siete Culebras, Saphy, Marqués, Loreto y Arequipa.
Cómo recorrer las calles antiguas de Cusco en un paseo peatonal
Una ruta histórica coherente puede comenzar en la plaza de Armas y continuar por Loreto, donde pueden observarse los largos muros incas. Desde allí es posible acercarse a Arequipa y Santa Catalina para comprender el antiguo espacio del Aqllawasi.
El recorrido puede regresar posteriormente hacia Triunfo y continuar por Hatun Rumiyoq, donde se encuentra la piedra de los doce ángulos. Después se llega a la plazoleta de las Nazarenas y a Siete Culebras, antes de ascender hacia San Blas.
Desde San Blas se pueden conocer Siete Angelitos y Siete Diablitos y continuar por el sector de Pumacurco y Siete Borreguitos. Quienes deseen ampliar el paseo pueden seguir hacia San Cristóbal y la cuesta Resbalosa antes de regresar al entorno de la plaza de Armas.
Este recorrido permite pasar, en una distancia relativamente reducida, por espacios de origen prehispánico, transformaciones virreinales, arquitectura republicana y barrios que mantienen antiguas denominaciones quechuas.
Siete Mascarones debería visitarse por separado si el objetivo es completar las siete calles cuyo nombre comienza con “Siete”, ya que se encuentra en Santiago y no forma parte del mismo circuito peatonal compacto.

Consejos para caminar por el centro histórico del Cusco
Cusco se encuentra aproximadamente a 3 400 metros sobre el nivel del mar, según la UNESCO, y varias de las calles de San Blas, San Cristóbal y sectores vecinos presentan pendientes pronunciadas. Conviene organizar el paseo sin prisas y evitar concentrar todas las subidas en un único tramo.
Las superficies de piedra pueden ser irregulares y volverse resbaladizas cuando están mojadas, de modo que un calzado con buena adherencia resulta más apropiado que zapatos de suela lisa.
También es fundamental recordar que los muros incas no son decorados turísticos sino patrimonio arqueológico. No se debe trepar sobre ellos, introducir objetos entre las juntas ni realizar marcas o intervenciones sobre las piedras.
Las calles pueden recorrerse libremente como parte del espacio urbano, pero iglesias, museos, casonas y otros monumentos situados a lo largo del recorrido pueden tener horarios y condiciones de ingreso independientes.